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A la memoria de Eugenio María de Hostos, Ciudadano Eminente de América (4)/ Miguel Collado

Por Miguel Collado

EN EL 119 ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO DE HOSTOS

En el calendario del año 1903 el 11 de agosto era martes. Fue ese día, en una noche lluviosa, en que Eugenio María de Hostos expiró en su Estancia Las Marías, en la ciudad de Santo Domingo, próximo a la Playa de Güibia. Sobre las circunstancias tristes en que tuvo lugar su deceso ya nos hemos referido en varias ocasiones, en conferencias y en artículos publicados dentro de esta serie. Recordamos ahora aquellas emotivas palabras que escribiéramos para ser leídas ante su tumba centenaria el 11 de agosto de 2020, pero que la sorprendente pandemia causada por el COVID-19 se impuso como barrera. Hoy las difundimos en esta cuarta entrega como tributo a su memoria en el 119 aniversario de su fallecimiento:

El investigador Miguel Collado ante la tumba del Gran Maestro Eugenio María de Hostos

¡Oh, Gran Maestro Eugenio María de Hostos! Los hostosianos que en esta mañana venimos a rendirte tributo póstumo, con ocasión de cumplirse un aniversario más de tu partida física, sabemos lo que fue tu lucha por la redención de estos pueblos antillanos; venimos a ofrendarte, con estas flores, la más profunda y sincera expresión de gratitud por tu luminosa obra transformadora de la enseñanza en la patria de la que fue tu más fiel colaboradora, la eximia educadora Salomé Ureña de Henríquez, cuyos restos también reposan en este solemne Panteón de la Patria, próximos a los tuyos, como simbolizando quizá que ni la muerte pudo romper el lazo de amistad solidaria que los unió.

Sí, ejemplar Ciudadano de la Inmortalidad, fue un día como hoy, pero de 1903, a las 111/4 de la noche, durante una perturbación atmosférica, cuando tuvo lugar tu deceso. Rugía la naturaleza con sus rayos y truenos en la Primada Ciudad de América que te acogió como a un verdadero hijo. Esa naturaleza expresaba su dolor por la muerte de quien tanto la amó.

Las lágrimas vertidas en aquel entonces por ese pueblo compungido que lloraba tu muerte hoy regresan y brotan de nuestros corazones, porque el olvido no ha vencido la luz que emerge de tu recuerdo.

Francisco Henríquez y Carvajal, uno de tus más fervientes colaboradores en tu afanosa empresa transformadora del sistema educativo dominicano, fue tu médico de confianza, tu médico de cabecera. En su ofrenda a ti, titulada «Mi tributo», él dice:

Es preciso conocer á Hostos; profundizarlo, para conocerlo; conocerlo, para encantarse en él; encantarse en él, para amarlo; amarlo, para darlo á conocer, para enseñarlo como es él en verdad; conocerlo profundamente, conocer en todo su alcance el gran poder de su mente razonadora y el noble sentimiento que lo animó, que le dio siempre una fisonomía de inacabable bondad, para, tal como es, mostrarlo al pueblo…

Hacienda Las Marías

Una mujer, una ejemplar educadora, Luisa Ozema Pellerano Castro (1870-1927), una de las primeras graduadas de Maestra Normal bajo el influjo de tus innovadoras ideas, en ese histórico Instituto de Señoritas fundado por la eximia poetisa Salomé Ureña de Henríquez, pronunció, ante tu tumba, las siguientes palabras elegíacas:

¡Ha muerto el amado Maestro!, era el alarido de dolor inconforme que se exhalaba de todas las almas. Y mi alma, surgiendo de las sombras de ese dolor, se decía á cada instante: ¡Mentira! Es un sueño. El no ha muerto; él no puede morir, porque vive en el espíritu de las generaciones educadas en su apostolado de verdad y amor.

Y tenía razón la aventajada discípula de Salomé cuando eso afirmaba en 1903, y aún la sigue teniendo: tú no has muerto; tú no puedes morir, porque sigues viviendo en el espíritu de los hostosianos que insistimos en mantener viva tu memoria. Por eso estamos aquí, con estas flores paridas por esa naturaleza que amaste y que te amó. ¡Tu luz no se apagará jamás, Gran Maestro Eugenio María de Hostos!

¿QUÉ ES SER HOSTOSIANO?

En cierta ocasión dictaba yo una conferencia sobre Eugenio María de Hostos y al finalizar, en ese momento en el que el conferenciante suele interactuar con el público respondiendo preguntas y haciendo comentarios adicionales, uno de los asistentes, muy joven y educado, me sorprendió con la siguiente pregunta: «Don Miguel, ¿qué es ser hostosiano?» A continuación, mi respuesta:

Comenzaré diciendo que no es ser hostosiano: no es saber mucho sobre Eugenio María de Hostos, sobre su vida y obra; no es escribir en torno a él con palabras cinceladas por la sapiencia y la retórica carente de sensibilidad profunda y verdadera; no es gritar su nombre expresando una admiración fundamentada en el populismo exhibicionista, no en la conciencia tomada a partir de su ejemplo. Tampoco es asistir a congresos y disertar con ensayada elocuencia.

Ser hostosiano no es nada de eso; ser hostosiano es un modo de ser, es seguir un modelo de conducta basado en la honestidad, en el trabajo, en la bondad, en la verdad y en el espíritu de justicia, es decir, ser hostosiano es un estilo de vida fundamentado en los valores éticos y morales que animaron al Gran Maestro… aunque los tiempos hayan cambiado, pues los principios que sustentan el pensamiento hostosiano todavía permanecen imperturbables a pesar de todo el tiempo transcurrido desde su muerte física en 1903.

En síntesis, así como «no es oro todo aquello que reluce» no todo el que dice ser hostosiano, lo es. Desde nuestra perspectiva, SER HOSTOSIANO ES UN MODO DE SER, no un saber hostosiano.

EL PRESIDENTE DEL CENTRO DOMINICANO DE ESTUDIOS HOSTOSIANOS HABLA ANTE LA TUMBA DEL GRAN MAESTRO

el autor es poeta,escritor y editor dominicano

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