Opinión
¿Por qué la humanidad vuelve su mirada hacia la autodestrucción?/ Miguel Collado
Al entrar en la tercera semana, el apoyo a la guerra descendió ligeramente en un 4%: a un 40 %, señal de que el pueblo norteamericano comienza a ver de modo distinto el conflicto debido a que ya están sintiendo las consecuencias en carne propia:
Por Miguel Collado
(Esta es una reflexión sobre la condición humana ante la guerra).
Tres encuestas de opinión recientemente realizadas en Estados Unidos de América sobre la guerra actual en Irán ofrecen un panorama revelador de la psicología colectiva ante el conflicto armado, que amenaza con dejar de ser un conflicto regional para convertirse en una tercera guerra mundial. Veamos:
De acuerdo con la medición realizada por Reuters Ipsos a finales de febrero pasado —justo después del inicio de los ataques—, el 27 % aprobaba los ataques, 43 % los desaprobaba y 29 % permanecía indeciso. Por su parte, la encuesta de Marist Poll para PBS NewsHour y NPR, efectuada del 2 al 4 de marzo, arrojó el siguiente resultado: el 56 % de los ciudadanos se oponía a la guerra, mientras que el 44 % la respaldaba. Un sondeo de Quinnipiac University, llevado a cabo del 6 al 8 de marzo, mostró que un 53 % de los encuestados se oponía a la acción militar; mientras que el 40 % la apoyaba.
Ahora bien, hagamos un poco de inferencia estadística basándonos en la cronología de dichas encuestas. Así podremos observar cómo la opinión pública en dicho país se ha venido moviendo en los dos últimos meses a medida que el conflicto bélico ha estado evolucionando con variables constantes. Si ordenamos cronológicamente los resultados de las encuestas tendríamos esto:
1. Reuters/Ipsos – finales de febrero 2026: 27 % a favor de la guerra
2. NPR/PBS/Marist 2–4 de marzo 2026: 44 % a favor de la guerra
3. Quinnipiac 6–8 de marzo 2026: 40 % a favor de la guerra
¿Qué significa eso? Que, al inicio del conflicto, el apoyo era muy bajo (27 %), pero luego, a la semana siguiente, aparece un aumento relativo (44 %). Si se «acondiciona» al encuestado haciéndole creer que la guerra responde al espíritu patriótico el porcentaje «a favor de la guerra» casi siempre será más elevado, como puede verse en el caso de la segunda encuesta realizada. Posiblemente debido a la influencia de la oratoria patriotera salida de la Casa Blanca.
Al entrar en la tercera semana, el apoyo a la guerra descendió ligeramente en un 4%: a un 40 %, señal de que el pueblo norteamericano comienza a ver de modo distinto el conflicto debido a que ya están sintiendo las consecuencias en carne propia:
1) Un número aún indefinido de soldados estadounidenses muertos y heridos
2) Aumento del precio de la gasolina y de la energía
3) Costos económicos para los contribuyentes
4) Riesgo de inflación y desaceleración económica
5) Mayor riesgo de ataques o terrorismo
De todos modos, esos datos estadísticos favoreciendo la guerra en el Medio Oriente, en pleno siglo XXI, nos conducen a una pregunta más lógica y profunda: ¿Por qué la humanidad, que ha sido capaz de crear tantas maravillas con su inteligencia —incluso contemplar la Tierra desde la Luna y desarrollar una inteligencia artificial—, vuelve una y otra vez su mirada hacia su autodestrucción?
La historia ofrece abundantes ejemplos de esta paradoja. Desde los combates narrados en la «Ilíada» de Homero —pasando por la Guerra del Peloponeso (siglo V a. C.) analizada por el historiador y militar ateniense Tucídides— hasta las devastaciones causadas por las dos grandes guerras mundiales en el siglo XX, el ser humano ha mostrado una persistente inclinación a destruir aquello mismo que ha construido con inteligencia y esfuerzo.
Y, sin embargo, esa misma humanidad ha levantado civilizaciones, creado arte inmortal, desarrollado la ciencia y explorado los secretos del universo. El mismo ser que escribe poemas y edifica catedrales es también capaz de fabricar armas capaces de borrar ciudades enteras. Tal vez la explicación resida en una mezcla de ambición, miedo y olvido histórico: las generaciones que viven en tiempos de paz tienden a olvidar el horror de la guerra; y cuando ese olvido se instala, la guerra vuelve a presentarse —ilusoriamente— como una salida.
De cualquier modo, toda situación de guerra que pone en riesgo la condición humana —ya sea a nivel regional o a nivel mundial, no importa el escenario geográfico— produce en mí una indignación moral y merece un rechazo total de mi parte. Hace años resumí esa convicción mia respecto a la guerra y a lo absurdo del ser hombre en una frase aforística que aparece en mi libro «La mentira es una telaraña: reflexiones y pensamientos», publicado en el 2012 bajo el sello editorial de CEDIBIL: «El ser humano es absurdo: cuando está en paz, procura la guerra; cuando está en guerra, procura la paz».



