Opinión

Embajadora EEUU frena la corrupción

Pero, además, interesados en obtener la visa sin cumplir con la depuración de estilo estaban delincuentes y personas en busca de un cambio de vida.

Por Alfredo Freites

Durante el gobierno de Ronald Reagan yo tenía el encargo de tramitar las solicitudes de visas hacia Estados Unidos desde el Senado de la República Dominicana, por instrucciones del ex presidente de la República, Jacobo Majluta. En esa condición me invitaron a Washington a una conferencia en el Pentágono con un viceministro de Defensa, quien nos explicó la delicada misión que desempeñábamos.

El mundo vivía bajo los embates de la guerra fría entre Estados Unidos y Rusia, lo que generaba la alerta máxima de los norteamericanos sobre visitantes enemigos encubiertos interesados en vulnerar la vigilancia para penetrar su país, pero, además, interesados en obtener la visa sin cumplir con la depuración de estilo estaban delincuentes y personas en busca de un cambio de vida.

Nadie me advirtió que era una especie de pre cónsul porque los documentos que enviaba a la Embajada eran remitidos a los pocos días con el permiso de ingreso. Era una cuestión de confianza. No sé cómo fue, pero se incrementaron las visitas a mi oficina, dirigentes políticos me lisonjeaban, surgieron parientes olvidados, hubo ofertas impúdicas y lances femeninos.

La citada conferencia en el Pentágono me abrió los ojos de la responsabilidad que habían puesto a mi cargo y que yo interpretaba como una función más como director de Relaciones Públicas, Prensa y Protocolo del Senado. A partir de ese momento me puse en guardia cada vez que llegaba una solicitud de visa.

En esos años hasta los congresistas violaban las leyes porque falsificaban documentos para anexar como familiares a personas que no lo eran, solo para beneficiarlos con visas. Esas personas que no calificaban quizá pagaban altas sumas para esos fines.

Hubo muchos escándalos, pero no desde mi área en el Senado. Pero era muy ingenuo e ignoraba que la corrupción es un mal que penetra a cualquier institución o persona, por eso la vigilancia no es desconfianza y los mecanismos de control tienen que estar alertas todo el tiempo y aplicar los correctivos como dispuso la embajadora de Estados Unidos, Leah Campos, al disponer el cierre de la DEA por indicios de irregularidades.

En estos días la fiscal federal Jeanine Ferris Pirro informó la detención del ejecutivo de la DEA, Milton Cordero, por “conspirar para cometer soborno y fraude de visas” y participar en un esquema de fraudes contra el pueblo norteamericano al gestionar visados para Estados Unidos.

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