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¿Cuál es la razón para dispararse uno mismo en la cabeza con un revólver?

Las tasas de suicidio han aumentado en los últimos años hasta un 60% a nivel mundial según Pixabay

Por Pedro Diógenes Espinal
A propósito de que el expresidente peruano Alan García falleció ayer miércoles luego que atentara contra su vida con un disparo en la sien derecha. La idea de una persona disparándose en la cabeza con una pistola o un revólver puede encajar casi en cualquier posición entre lo lógico y lo absurdo, según como cada cual quiera planteárselo.
Imagino que lo hemos visto muchas veces en el cine, lo cual no es en absoluto una garantía de que pueda corresponder a una situación real. Pero entre la duda natural, y los esfuerzos que últimamente hace la actualidad por convertir en real lo impensable, es esperable que circulen las verdades alternativas.
Así que, donde muchos suelen invocar el imperio de la ley, algunos estamos aquí para invocar el imperio de la ciencia, que a diferencia del primero no viene arbitrariamente impuesto. Alguien tiene que actuar como simple pregonero de lo que la ciencia tiene que decir al respecto, siempre que la ciencia tenga algo que decir al respecto.

El ex presidente de Perú Alan García se suicidó de un tiro en la cabeza
“La idea de morir ya no es algo que parezca tan lejano… el dolor que siento cada día atrapa mis sentidos y mis fuerzas….lo inunda todo, como el humo expandiéndose en la habitación… es un lastre cada segundo que respiro y no puedo mitigar este dolor… quizás así pueda liberarme de este sufrimiento…”.
Quizás alguno de nosotros haya sentido algo parecido a esto, o puede que no nos imaginemos qué pasa por la cabeza de alguien que se plantea la posibilidad de quitarse la vida. Probablemente la mayoría no entendamos nunca cómo puede llegar alguien a Suicidarse.
Aunque soy Ingeniero Agroforestal y Perito Forestal de profesión he realizado diplomado en: psicología industrial, psicología clínico y psicología humana, lo que queremos a través de la ciencia acercaros una realidad muy dura para muchas personas en el mundo y para sus familiares y amigos. Porque aunque a veces parezca que el dolor, el vacío o el derrumbamiento de nuestro mundo vaya a ser permanente, no lo es. Puede ser algo temporal.
Las tasas de suicidio han aumentado en los últimos años hasta un 60% a nivel mundial según Pixabay.
Para hacernos una idea de la dimensión de este fenómeno, el suicidio causa la muerte de una persona cada 40 segundos, lo que suma casi un millón de muertes al año en todo el mundo. Estas muertes ascienden cada año y se calcula que para 2020 las cifras globales de suicidio ascenderán a 1,53 millones de personas.
Las cifras sobre suicidio son muy difíciles de calcular, ya que hay muchos casos que no son registrados como tales, así que se considera que estos datos están probablemente infravalorados. A pesar de ello, el suicidio está entre las tres primeras causas de muerte entre los 10 y los 44 años. Estos datos no incluyen las tentativas de suicidio que son hasta 20 veces más frecuentes que los actos de suicidios consumados, es decir, si se produce un suicidio cada 40 segundos, un intento de suicidio se produce cada 3. Por cada persona que se quita la vida, 20 han intentado hacerlo.
Un ejemplo fue en el 2012 en España, el suicidio volvió a ser la primera causa externa de defunción, por encima de los accidentes de tráfico. Asimismo, fue la segunda causa de muerte entre personas de 25 a 34 años tras los tumores. En hombres de ese grupo de edad la primera causa de muerte fue el suicidio.
Aunque estas cifras son abrumadoras, detrás ellas se esconden personas, familiares y amigos que sufren. Es difícil ponernos en ese lugar, la empatía muestra su rostro más duro y se disparan múltiples interrogantes respecto a su muerte, ¿está loco?, ¿se paró a pensarlo?, ¿aquel intento de suicidio fue una llamada de atención?, ¿pudimos haberlo evitado?
El suicidio, así como todos los gestos o comportamientos que le rodean (las tentativas o intentos, las amenazas o los simples pensamientos sobre el mismo), es algo plagado de estigmas y de mitos difíciles de derrumbar. En este artículo se aclaran algunas de estas ideas equivocadas con la intención de que podamos entender este fenómeno, para así ayudar y apoyar a estas personas que sufren tanto como para plantearse esta posibilidad y para quienes cada día es una lucha.
Existen caminos diferentes al suicidio para aliviar el sufrimiento y el dolor.
1.-El que se suicida es que quiere morir, hay que respetarlo
Con error a veces se piensa que las personas que desean suicidarse tienen claro que quieren acabar con sus vidas. No obstante, la mayoría de las personas que se planean este camino se sienten indecisas respecto a él, ya que se lo plantean en una visión túnel de la circunstancias como la única solución a sus problemas para poner fin al dolor. Es importante saber que si su vida cambiase, si se aliviara el dolor y su futuro fuese esperanzador, no elegiría la muerte como si fuese una solución.
2.- El que lo dice no lo hace, el que lo hace no lo dice
Es un error pensar que las personas que quieren quitarse la vida no lo manifiestan de ninguna manera o que quien lo dice sólo quiere llamar la atención y no se atreverá a hacerlo. La gran mayoría de las personas que se suicida previamente han comunicado claramente su propósito y, aunque otras sólo dejan entrever sus intenciones o ideas, hay una expresión previa con palabras, gestos o amenazas de estos pensamientos.
Que la persona exprese su deseo de morir o diga que va a hacerlo no debe considerarse como un intento de manipulación o chantaje. Es importante prestar atención cuando alguien cercano a nosotros expone estas ideas, ya que esto puede ser un grito desesperado de ayuda. Es esta perspectiva la que nos sirve como señal para poder actuar y prevenir que se lleve a cabo el suicidio.
3.- Si le hablo de suicidio, lo estoy impulsando a que lo haga
Existe la falsa creencia de que hablar con una persona que tiene pensamientos o ideaciones suicidas hará que pase a la acción y acabe con su vida. Es cierto que puede ser muy incómodo, que no sepamos cómo abordar a nuestro amigo o familiar, y que no sea una conversación agradable. Pero su bienestar y su vida están por encima de nuestra comodidad.
Es muy importante hablar con una persona que quiere quitarse la vida sobre ello. Para la persona que está sufriendo esa conversación puede ser balsámica, puede aliviar la ansiedad y ayudarle a procesar emocionalmente su dolor. Es importante que mantengamos una comunicación abierta con la persona desesperada sin juzgarla.
sta conversación permite conocer la peligrosidad de la ideación suicida y permite a la persona expresarse y ser ayudada por un profesional. Que evitemos hablar de ese tema con la persona que nos lo dice, o nos lo insinúa, no hace que el problema desaparezca, sino que lo hace más real.
4.- Si ha intentado suicidarse no quiere morir, sólo llamar la atención
Está muy extendido en la sociedad el mito de que las autolesiones o los intentos de suicidio son llevados a cabo para llamar la atención de las personas que se tienen alrededor, para que se les haga caso. Existen múltiples causas por lo que se pueden dar lugar autolesiones y/o gestos de suicidio, cada persona puede tener unos motivos propios que no sigan una norma.
No obstante, esto requiere una evaluación e intervención adecuada por parte de un profesional. Un suicidio puede frustrarse por múltiples motivos y no debemos infravalorar su importancia creyendo que no volverá a intentarlo o no lo conseguirá, ya que entre el 30% y el 40% de las muertes por suicidio fueron precedidas de tentativas. Para las personas que llevan a cabo estos actos, lo que hacen no es una tontería que podamos pasar por alto ni debamos trivializar.
5.- El que se suicida o piensa en hacerlo está loco
El suicidio no es sinónimo de trastorno mental. Es cierto que las personas con trastornos mentales se suicidan con mayor frecuencia que la población general, pero esto no significa que sea necesario tener un trastorno mental para hacerlo o pensarlo. El suicidio es multicausal, pero una característica que comparten las personas que se lo plantean o lo llevan a cabo es un sufrimiento y desesperanza elevado.
6.- Para suicidarse hay que ser muy valiente. Para suicidarse hay que ser muy cobarde
No hay que plantearse estas dos opiniones contrapuestas, ya que no es correcto vincular estos atributos de la personalidad con el suicidio. Las personas que intentan suicidarse no son valientes ni cobardes por ello, y describir a una persona en tales términos es más bien una cuestión cultural y subjetiva. Así, asignar a una persona que se ha suicidado cualquiera de estas características tiene connotaciones positivas o negativas socialmente que no debemos relacionar con las ideas, gestos o tentativas de suicidio.
7.- Si reto a un suicida, no lo hará
Es una idea errónea pensar que si se prueba la fuerza de una persona con ideas suicidas valorará su posición y no llegará a hacerlo. Es un acto irresponsable y muy peligroso, estamos frente a una persona con un gran nivel de sufrimiento y una alta vulnerabilidad.
Por eso, nunca debemos decirle a alguien frases como “no eres capaz de suicidarte” o “venga no te atreverás a hacerlo”. Esa persona no encuentra una solución adecuada a sus dificultades, ponerle entre la espada y la pared no es recomendable, ya que puede empujarle más a ello si cabe.
8.- El suicidio es algo impulsivo
El acto suicida en sí mismo puede ser algo planeado con más o menos detalles o minuciosidad, e incluso en el caso de que el acto fuese impulsivo, hay que saber que detrás existe una ideación suicida, unos pensamientos y sentimientos que no aparecen de la noche a la mañana.
Definirlo erróneamente como impulsivo, coloca el suicidio en una posición en la que se limita la prevención, así como la ayuda a las personas que viven estas circunstancias. Como ya hemos dicho anteriormente, la persona nos muestra esos pensamientos que no debemos ignorar para poder así ayudarle y prevenir la crisis suicida.
La desesperanza y el vacío son estados temporales, no permanentes
Por lo que hemos visto, el suicidio y las conductas y pensamientos que le rodean, son procesos complejos. No obstante, tenemos que entender que esa persona que se planea acabar con todo tiene un elevado nivel de sufrimiento y dolor, y por encima de eso, de desesperanza, aquella que le hace creer que el futuro es desalentador y que nada cambiará.
Aquí reside uno de los hilos que podemos tirar para rescatar a esa persona del pozo de desesperación en el que se encuentra.
Lancemos la cuerda que le ayude a entender que todo eso que ahora siente es temporal, y que hay soluciones y alternativas que pueden hacer cambiar las cosas aunque ahora mismo no pueda verlas. Todo esto sin recurrir a consejos fáciles.
Lo mejor es que se busque ayuda profesional, siendo imprescindible que se evalúen los riesgos que corre esa persona y se establezcan las medidas necesarias. El psicólogo es el mejor profesional que puede ayudarle a encontrar y valorar las opciones más adecuadas a esas dificultades. Por otra parte, como familiar o como amigo puedes escucharle, sin juzgarle ni criticarle, no infravalores cómo se siente.
Apóyale y no le dejes solo, es un momento muy vulnerable y el sufrimiento es muy elevado, pero aunque no lo crea es temporal, y la lucha merecerá la pena.
Fuente: Psicomemorias, Google y Wikipedia.
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