Opinión

LA QUEJA DE ISIDRO SOSA, Primera Parte/ Cassandro Fortuna


El buen amigo, empresario muy pujante y hombre de bien, Isidro Sosa, se quejó hace poco de la apatía y falta de espíritu de unidad que existe entre los empresarios de San Juan de la Maguana, en sus distintos niveles. La queja de Sosa me ha motivado a escribir este artículo, donde hago algunas reflexiones, y en las que mezclo la sociología y la política.

La sociología política es el estudio del poder y de la intersección de personalidad, estructura social y política. 

Según la sociología política cada pueblo tiene una clase dirigente y una clase gobernante. La primera está compuesta por aquel sector que traza la política general de la comunidad, y la segunda la integran aquellos que se encargan de la administración del Estado. En todo caso, sin embargo, la clase dirigente es quien tiene la última palabra. La clase gobernante va y viene, la clase dirigente permanece. Esta última, a veces, es visible, y otras veces invisible.
“La clase dirigente tiene tanto la mayor parte de la riqueza material como la más amplia influencia sobre las otras clases, y escoge ejercer activamente ese poder para marcar las directrices de una localidad, país, o del mundo entero. La mayor parte de la clase alta no encajaría en esa descripción, aunque sí una parte”, a decir de Wikipedia, la enciclopedia libre.

Cuando la clase dirigente no juega su papel todo queda en manos de la clase gobernante. Pero ocurre que la clase gobernante no dirige; solo administra.

En el caso de San Juan desde que somos un Estado organizado, digamos desde 1844, ha existido una clase gobernante. La clase dirigente, empero, ha brillado por su ausencia. El papel de esa clase dirigente ha sido ocupado por personas y por personalidades. Fue así durante la segunda parte del siglo XIX   y ello continuó en el siglo XX y se mantiene todavía en esta primeras dos décadas del siglo XXI. 

La diferencia es que en el pasado, siglo XIX y XX, aunque sin clase dirigente, teníamos caudillos y personalidades que se hacían sentir. Pienso en Wenceslao Ramírez, Miguelangel Ramírez Alcántara, los hermanos Puello (Joaquín y E.O Garrido Puello). Y más recientemente tuvimos figuras muy notables (como don Teto Puello, don Antonio Paulino, Tomás Suzaña…), que aunque sin la proyección de los ya citados, eran personalidades de un gran relieve local, que sin ser propiamente políticos partidistas (sin ser parte de la clase gobernante), mientras estuvieron vivos incidieron con mucha fuerza en el presente y futuro de la provincia San Juan; pero de  modo particular en su municipio cabecera.

En la actualidad, San Juan no solamente carece de clase dirigente (nunca la ha tenido); sino que tampoco tiene las personalidades que hagan las veces de esa clase ausente. Entonces, querido amigo Isidro Sosa, somos una sociedad coja.

¿Por qué no tenemos una clase dirigente? Buena pregunta. La clase dirigente es una creación de la propia sociedad. ¿De donde sale? De los sectores económicamente más activos. Pero ocurre que en San Juan esos sectores no han madurado. En el pasado se podía entender la ausencia de esa clase dirigente. Pero en el presente ya es digno de estudio porque esta comarca ha crecido mucho en términos socio-económicos por lo que ya debió parir esa clase dirigente. 

Puedo citar un factor de esa atrofia. Esa clase no emerge porque no acaba de asumir el compromiso social que le corresponde. Parece que no tiene conciencia de sí. Pongamos algunos ejemplos:

Cuando era un adolescente conversaba en una ocasión con el señor Raúl García Bidó, hombre culto que tenía una librería-ferretería en nuestra ciudad. Este señor me dijo entonces: “Cassandro, los sanjuaneros tienen un problema- se refería a los pudientes- tu vas y les planteas la necesidad de que colaboren con algo importante, cuyo costo es cien mil pesos, y el más rico te da dos mil pesos”, He ahí como es el sanjuanero que debería ser parte de la clase dirigente; pero que no quiere. Para entonces yo no entendí bien ese planteamiento.

En una ocasión viví un episodio que retrató de una forma patética lo que me dijo García Bidó (y que seguramente él no recuerda haberme dicho esa gran verdad, yo con 16 años solamente). La historia es esta. En una ocasión me invitaron a una reunión que tenía como objetivo organizar una gran feria industrial -agropecuaria que tendría beneficios millonarios para San Juan de la Maguana. Era un encuentro muy cerrado, donde solo estaban 6 o 7 de los empresarios más ricos de la ciudad,  el director operativo de la feria, una secretaria, y yo. 

Luego de los saludos protocolares el director operativo de la feria hizo uso de la palabra y esbozó un plan general para su montaje. Al finalizar demostró que la feria dejaría varios millones de ganancias, pero que para empezar se necesitaban por lo menos 500 mil pesos. Aclaró que el retorno de esa suma se podía lograr en los primeros dias de la actividad ferial y terminó pidiendo a los empresarios presentes que prestaran dicha suma.

¿Qué les digo? Esos empresarios se miraron unos  a otros. Hubo una que otra sonrisa: pero ninguno se atrevía a hablar, hasta que uno de ellos, el más progresista y osado, rompió el hielo y dijo: “Pónganme con diez mil pesos”. Otro empresario, muy rico también, se animó y pidió que a él lo pusieran también con esa misma suma. El caso es que todos aquellos millonarios juntos no lograron juntar ni 80 mil pesos. Todos ofrecieron diez mil, a excepción de uno, que estaba destinado a ser el presidente de la feria y quien pidió que lo pusieran con dos mil pesos.

¿Resultado? No hubo feria

Continuará…..



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