Opinión
La “mano dura”: dos interpretaciones
Son ya más de 50 los jóvenes asesinados, en este país que se jacta de ser una democracia y lo peor del caso es que quienes ejecutan a esos jóvenes, al igual que algunos inmigrantes, son jóvenes generalmente negros y pobres
Por Chiqui Vicioso
Leí una encuesta en un diario local, donde se afirma que la población quiere “mano dura” contra el crimen; el problema es que no especifica contra quién o quiénes. Luego vi un programa con Guillermo Moreno, donde este reproduce el video de un joven a quien un grupo de policías, incluyendo un coronel, capitán, teniente y varios de menor rango, al igual que dos mujeres fiscales, una rubia y otra morena, quieren obligar a volver a delinquir. Es decir, asaltar puntos de drogas, asesinar, robarse el dinero y repartirlo entre ellos. El joven dio los nombres y las cantidades exactas que tuvo que entregar y lo hizo a riesgo de su vida porque le secuestraron a la madre, que según él no es como él, sino muy honrada y seria.
Son ya más de 50 los jóvenes asesinados, en este país que se jacta de ser una democracia y lo peor del caso es que quienes ejecutan a esos jóvenes, al igual que algunos inmigrantes, son jóvenes generalmente negros y pobres y eso me recuerda la discusión que tuve con un policía que andaba con un palo en la Zona Colonial y se jactaba de que desde su llegada ningún limpiabotas podía entrar. Le pregunté si sabía quién era Báez Figueroa y cuántas personas habían sido estafadas en la bancarrota del Baninter y porque con ese se le acababa la guapería.
Lo mismo le pregunté a un coronel encargado de la Zona que se jactaba de no permitir “negros pajonuses” ni “viejos limosneros” en su zona. Yo le preguntaría hoy si le aplicaría esa discriminación a los ladrones de SENASA que dejaron a ocho millones de asegurados en el aire y aun no devuelven lo que se robaron; o a los del INTRANT, acusados de robar millones de dólares, no de pesos; y otros jóvenes ejecutivos considerados serios, quienes se habrían comprado mansiones en Miami de $850,000 dólares y aun detentan el puesto.
Esos son los robos que afectan a millones de personas, cometidos por “blanquitos de familias intocables”, o profesionales que la gente consideraba serios. No los robos de jóvenes que hurtan un pollo, una mano de plátanos, celulares, motocicletas, o joyas por las cuales mataron a tres hace unos meses.
Los jóvenes asesinados son de barrios donde por generaciones sus familias han vivido en la pobreza, observando el derroche y abundancia de las elites. La violencia policial no evitará que se desplacen a las urbanizaciones donde se apertrecha la clase media y a los bunkers de la clase alta donde habitan las burbujas.





