Opinión
Los muchachos de la democracia/ Leonel Fernández
Se trata del último libro publicado por el ex mayor general retirado, José Miguel Soto Jiménez. En él hace el recuento de la creación de un núcleo de jóvenes coroneles de las Fuerzas Armadas, cuyo propósito era el de garantizar el respeto a la voluntad popular en las elecciones de 1994.
Por Leonel Fernández
Eso vino como resultado de los cuestionamientos a la legitimidad de los comicios celebrados en 1990. En esa ocasión, como muchos recordarán, se consideró que el profesor Juan Bosch, candidato del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), había sido el auténtico ganador de aquella consulta popular.
Fue un criterio extendido de que el presunto triunfo del Partido Reformista no había sido más que un acto de usurpación. Procurando zanjar el conflicto electoral suscitado, el expresidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, llegó a plantear una fórmula que, aunque no validaba la victoria del candidato peledeísta, sembraba una duda moral sobre la reelección del doctor Joaquín Balaguer.
Para Carter hubo irregularidades en las elecciones de 1990, pero no de tal magnitud como para haber alterado los resultados. Obviamente, se trataba de una fórmula inteligente que procuraba aplacar cualquier intento de violencia.
Entonces, la consigna fue de que al PRD no le harían en esas elecciones el fraude del que fue víctima el Partido de la Liberación Dominicana.
Nacen los muchachos
Con la finalidad de ser garantes de las elecciones de 1994, en las que el doctor José Francisco Peña Gómez sería candidato del PRD, y de que la voluntad del pueblo dominicano fuese respetada en las urnas, nació el grupo denominado, indistintamente, como “el de los coroneles” o “los muchachos de la democracia”.

No era la primera vez que en la época post Trujillo emergía un grupo de jóvenes militares comprometidos con la defensa de la democracia.EXTERNA
Estaba integrado, en principio, por un equipo militar y policial, de coroneles, tenientes coroneles, mayores y subalternos auxiliares, liderado, entre otros, por los entonces coroneles José Miguel Soto Jiménez, Jacobo Reyes, Polanco Salvador y Jaime Marte.
Conforme a su criterio, no constituían un equipo golpista o subversivo. Comprendían que la creación de ese grupo representaba una situación de anomalía institucional dentro de los cuerpos castrenses, pero que, en realidad, se estaban enfrentando a una anomalía nacional, que los compelía a actuar.
No era la primera vez que en la época post Trujillo emergía un grupo de jóvenes militares comprometidos con la defensa de la democracia. Ya había ocurrido con el llamado Grupo Enriquillo, encabezado por los coroneles Rafael Tomás Fernández Domínguez y Hernando Ramírez.
Estos luchaban contra el triunvirato, presidido por Donald Reid Cabral, con la finalidad de restablecer la Constitución de 1963 y hacer retornar al poder al profesor Juan Bosch, derrocado mediante golpe de Estado militar.
Ese movimiento fue determinante en el estallido de la Revolución de Abril de 1965, en la que otros jóvenes militares se destacaron, hasta llegar a ser considerados héroes nacionales, como es el caso del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó.
De manera que los integrantes del llamado grupo de “los muchachos de la democracia” tenían el ejemplo del antecedente histórico de quienes asumieron la responsabilidad de defender los valores de la democracia en un momento en que, por vía de la fuerza, se había hecho naufragar el primer experimento democrático del país, luego de tres décadas de dictadura trujillista.
Etapas de la transición
Los primeros 17 años que transcurren después del desplome de la tiranía, los que van desde 1961 hasta 1978, fueron años de lucha por la libertad y la democracia. En esa batalla, muchos fueron acribillados, otros encarcelados, torturados o exiliados.
Ahora bien, durante los 12 años que presidió el doctor Balaguer, desde 1966 hasta 1978, si bien es cierto que se gobernó bajo el criterio de una contrarrevolución triunfante, apoyada por un poder extranjero, no es menos cierto que, de manera sigilosa, pero constante, el país fue recobrando una cierta estabilidad política, un determinado nivel de crecimiento económico y un notable desarrollo de infraestructuras.
No obstante, desde el punto de vista de la gobernabilidad democrática, todavía durante esos años la República Dominicana se encontraba en una situación de fragilidad y vulnerabilidad institucional.
Era la etapa que Juan Bosch bautizó como de “mataderos electorales”. En 1970, el PRD tuvo que abstenerse de participar debido a que no había un clima adecuado de garantías al proceso electoral.
En 1974, ocurrió lo insólito. Los militares salieron a las calles con banderolas rojas, intimidando a la población y forzando a la oposición, tanto del acuerdo de Santiago, bajo la dirección del PRD, como del Bloque de la Dignidad Nacional, auspiciada por el PLD, a no concurrir a las urnas.
Con la llegada de Jimmy Carter a la Casa Blanca en 1976, con su política de los derechos humanos; el desplome de la dictadura militar en Grecia; la caída de la dictadura de los Salazar en Portugal; la muerte de Franco en España; y la apertura de la Internacional Socialista hacia América Latina, las circunstancias cambiaron.
Había presión por todas partes para que en el país se realizaran elecciones libres y justas en 1978. El resultado fue la elección como Presidente de la República de don Antonio Guzmán Fernández, candidato del Partido Revolucionario Dominicano.
Con ese episodio se inició una nueva etapa en el desarrollo de la democracia en la República Dominicana. Si desde la muerte de Trujillo, la batalla fue por la libertad y la democracia, como ya se ha dicho, desde 1978 a la actualidad, es decir, desde hace casi 50 años, la lucha, además de consolidar la democracia, ha sido y es, la de garantizar el progreso, la prosperidad y el bienestar.
El esfuerzo de los muchachos de la democracia tuvo un significativo valor histórico; y el libro del general Soto Jiménez, bien merece ser leído.
listindiario





