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Ven la izquierda ha fracasado en América Latina
El periódico alemán Süddeutsche Zeitung titula así un artículo que analiza los últimos sucesos en Venezuela, Cuba, Colombia y Chile. Y responsabiliza de las crisis en la región a la izquierda latinoamericana: "Desde hace un mes, Venezuela ya no está gobernada por Nicolás Maduro, pero eso no es motivo de celebración. El precio fue demasiado alto. (…)

Al mismo tiempo, con ese proceder, el actual Gobierno de Estados Unidos ha logrado en muy poco tiempo más que en toda una década anterior: en Caracas están siendo liberados cientos de presos políticos, se está preparando una amnistía y figuras importantes de la oposición están criticando públicamente al nuevo y viejo régimen en Caracas.

Que esto no fuera posible durante tanto tiempo también es un fracaso de los antiguos aliados del régimen chavista. Durante años, los líderes de izquierda de Brasil, México y Colombia dieron rienda suelta al cada vez más dictatorial gobernante de Caracas. (…) En lugar de distanciarse claramente de él, hubo, como mucho, algunas críticas tibias. Sucedió como suele ocurrir: mientras las transgresiones de los oponentes políticos se denuncian enérgicamente, los fracasos dentro del propio bando se reciben con un silencio ensordecedor.
Esto también se observa en Cuba. Allí, revolucionarios de izquierda, con los mejores motivos, derrocaron a un dictador, hasta que su propio régimen degeneró en una dictadura.

Las desafortunadas alianzas con regímenes como los de Venezuela o Cuba ejemplifican una paradoja de los políticos de izquierda en América Latina: suelen allanar el camino para reacciones cada vez más radicales.
Esto se puede observar en el brutal resurgimiento de la Doctrina Monroe con Donald Trump, o en las victorias electorales de políticos de extrema derecha, como se vio recientemente en Chile. En ese país, tras el colapso del primer Gobierno de izquierda desde el fin de la dictadura, ahora ostentará el poder José Antonio Kast, quien glorifica precisamente esa dictadura.
(…) En Colombia, cuna de la cocaína, el presidente izquierdista Gustavo Petro quería lograr la ‘Paz Total‘. Para ello, el Estado depuso las armas; se suponía que las negociaciones con narcotraficantes y exguerrilleros resolverían los conflictos. La idea era ciertamente acertada, pero, en la práctica, el enfoque de Petro fracasó. (…) Los aliados de Venezuela allanaron el camino para la mano dura de Estados Unidos».

«Se forma un bloque de derecha» latinoamericano
«Estados Unidos intenta forjar una nueva alianza en América Latina como contrapeso a los países BRICS. Milei es uno de sus aliados», escribe, por su parte, el diario Die Tageszeitung (taz):
«El presidente argentino, Javier Milei, es la cabeza de puente de Donald Trump en Sudamérica. A través de Milei, se busca contrarrestar el avance de China y asegurar el acceso a los recursos naturales.
Con un swap (o intercambio de obligaciones de pago) de 20.000 millones de dólares, Trump había salvado a Milei de caer en quiebra, pero lo obligó a una situación de dependencia financiera. Si Trump retirara esta protección financiera, Milei se vería en serios pro
blemas. Ni siquiera sus éxitos electorales, que demuestran su supuesta fuerza, pueden cambiar nada de esto.
Milei trabaja actualmente en la formación de un bloque aún sin nombre de diez Gobiernos latinoamericanos de derecha. Con esto, el libertario de derecha busca subrayar su pretensión de liderazgo regional dentro del campo de la derecha y asegurarse un trato preferencial del presidente estadounidense.
(…) Milei no solo es la cabeza de puente para contrarrestar el poder extranjero de China en la región, sino también para contener la hegemonía regional de Brasil. Brasil es, por mucho, el peso pesado económico y político de América Latina.
Trump lamentó abiertamente que su amigo brasileño Jair Bolsonaro estuviera en prisión y no en el palacio presidencial. En cambio, gobierna el político de izquierda Lula da Silva, a quien Trump considera en parte responsable de la condena de Bolsonaro, razón por la cual impuso aranceles particularmente altos a Brasil».

«¿Será Cuba la próxima Venezuela?»
«El presidente estadounidense Donald Trump podría forzar un cambio de régimen en Cuba. Sus partidarios ya imaginan una Habana como Disneylandia, sin comunismo. ¿Y luego qué?», plantea el matutino alemán Zeit Online.
«El pueblo cubano no había vivido tan miserablemente desde hace 35 años, cuando el colapso de la Unión Soviética. (…) Fue una década de miseria que pasó a la historia de Cuba bajo el nombre engañosamente inofensivo de ‘Período Especial'».

Sobre los planes de Trump para la isla, escribe: «El Gobierno de Donald Trump quiere evitar que Venezuela ni ningún otro país abastezca de petróleo a Cuba. Así, el régimen colapsaría pronto, según Trump, y ni siquiera necesitaría enviar tropas a la isla. Pero Trump no sería Trump si no enviara señales contradictorias. (…) Quien no se expresó en forma alguna de manera ambivalente al respecto fue el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, para quien la caída del régimen en La Habana representaría que se ha cumplido un sueño de toda su vida.
(…) Partidarios de Trump y legisladores republicanos han compartido en internet videos generados por IA que muestran a Trump y Rubio conduciendo juntos en un descapotable por una especie de Habana al estilo Disneylandia, sonriendo y fumando gruesos puros. Animan al presidente y esperan que elimine el comunismo del hemisferio occidental. Pero ¿cuál sería el siguiente paso?
(…) Cuba es un Estado de partido único donde cualquier forma de protesta ha sido brutalmente reprimida durante décadas. Aún no está claro quién podría sacar a la isla de su miseria».






