Opinión

El último clavo en el ataúd / Luis Ramón de los Santos

¿Qué le puede ofrecer Hanoi a San Juan y al PRM que no haya podido hacer en tres periodos consecutivos al frente de la alcaldía municipal?

Por Luis Ramón de los Santos
La politica partidarista dominicana es un estercolero sin remedio, una especie de pozo sin fondo donde medran los espíritus más sucios y repugnantes.
El político tradicional es un ser sin escrúpulos visibles, un ente con los valores estacionados en la reconditez de sus instintos primitivos, no en vano al tratarse de la política y sus acólitos, un aguzado pensador cambió el sentido de la frase «El fin justifica los medios», por el de «Los medios justifican el fin».
Los partidos han hecho de las ciencias políticas un abecedario ominoso, carente de lealtad, y sobre todo de principios; yo no sería capaz de comparar a un político dominicano con ningun animal; los animales son criaturas nobles y establecer un símil con un político me condenaría de por vida.
¿Qué es lo que ha pasado en la República Dominicana, que han prostituido el ejercicio de la política, degradándola en su máxima expresion? Son muchos los aspectos que habría que estudiar, pero hay uno que salta a la vista y que es posible que sea la génesis de esta desgracia: la falta de lealtad a los principios y el desmedido afán de apoderarse de lo ajeno.
El político tradicional por consiguiente es ladrón y delincuente desde su génesis, es parte de su ADN; ni hablar de la lealtad, ese principio ético es sólo aplicable a los imbéciles que creen que todavía tenemos patria y que pensar en su desarrollo sostenible es parte de su responsabilidad.
Estas consideraciones, de las que no me arrepiento y que gritaré mientras tenga voz, vienen al dedillo en estos momentos de definiciones partidarias por la decisión del Partido Revolucionario Moderno (PRM), que ni es revolucionario y mucho menos moderno, de pactar con uno de los personajes más siniestros de nuestra fauna politica: Leonel Fernandez y quienes lo siguieron.
No es posible, no me cabe en la cabeza que ese partido, parte importante del sistema corrompido dominicano, haya elegido de dedo, sumariamente, obviando lealtades, a la actual alcaldesa sanjuanera Hanoi Sánchez como su candidata al mismo puesto.
¿Qué le puede ofrecer Hanoi a San Juan y al PRM que no haya podido hacer en tres periodos consecutivos al frente de la alcaldía municipal? ¿Qué novedades en terminos de modernización y efientización puede dar una persona que se ha pasado miserablemente sus nefastos períodos convirtiendo a San Juan en una carpa de circo?
¿Cuál es el modelo de eficiencia que puede ofrecer Hanoi a un pueblo que ha visto impotente como sus principales problemas aún están sin resolver? ¿Cuál es la explicación que tiene que darle el PRM a los aspirantes a alcaldes y sus seguidores, tantísimas veces alentados por la alta dirigencia de esa parcela politica, a continuar con sus aspiraciones? Si eso no es un asalto a la dignidad, al decoro y al respeto que algun perremeista me indique que carajo es.
Al principio de estas líneas hablaba de lealtades y principios, prendas imprescindibles para el buen vivir y el mejor actuar, pero que son basura irreciclable cuando se trata de arrimar la sardina para su brasa.
Cuando los hoy dirigentes del PRM renunciaron al otrora mayoritario Partido Revolucionario Dominicano (PRD) lo hicieron «convencidos» de darle al país una nueva forma de hacer política, decente y con valores, lo mismo y como fatal coincidencia hicieron los perredeístas que se sumaron al nuevo partido de Juan Bosch.
El tiempo le dio la razón a quienes nunca creímos ni en unos ni en otros, cuando se trata de hacer valer la voracidad y la falta de principios, unos y otros se mancomunaron en el más abyecto maridaje, una unión de la que sólo sale perdedor el pueblo dominicano, noble y sufrido, como lo definiera un político de ingrata recordación.
Para los nuevos maridos de hoy, los enemigos de ayer son los aliados en procura de una buena parte del pastel, comparten la cama y la mesa, acechándose como buitres, fingiendo sonrisas y listos para clavarse la daga a la primera ocasion que se les presente.
De mi parte no he tenido que pensar mucho para llegar a una conclusión: La unión entre el PRM y la llamada Fuerza del Pueblo, el partido que se inventó Leonel Fernández es desde el principio un acto suicida del que sólo saldrá perdedor el PRM, y con él, todos los ingénuos que creyeron en su dirigencia por una simple razon: las diferencias entre Leonel Fernandez y Danilo Medina son personales, de ego, no políticas.
En el caso hipotético de que esa alianza de «macos y cacatas», como la calificara un ministro de duduso accionar y con enormes cosas que explicar, cuando en nuestro país haya un Procurador General de la República decente y profesional, gane las elecciones y se arme el «reperpero» y la rebatina por puestos y canonjías en la administración pública, Leonel y Danilo se reunirán en la mansión de los presidentes de Juan Dolio, se tomarán un vinito o un whisky de 8.000 pesos, depondrán su aparente enemistad y en menos de 48 horas, Leonel anunciará al pais su retorno al PLD, quedando el PRM «como el perico en la estaca»; sin gobierno, sin alcaldías y sin Congreso.
Cuando las enemistades son personales y las políticas e ideológicas no existen, se subsanan con un simple gesto de buena voluntad y de reconocimiento mutuo.
Al PRM le cayó gas del que pela (morado). Lo siento por aquellos que creyeron en ese partido, uno más de la partidocracia maldita, que nos tiene el borde del precipicio.
. El autor es un reputado locutor,
residente en Estados Unidos.
Tomado de Brrigaverde.net
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