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El Presidente de México es un lambón y Donald Trump un charlatán

Si no puedes convencerlos, confúndelos
                                      Truman Capote

Ayer México se arrodilló ante Donald Trump. Dicho en buen dominicano el Presidente Peña Nieto no es más que un lambón.  No tiene ni una pizca de patriotismo.

Donal Trump  dijo cuantas barbaridades quiso de los mexicanos. Tanto fue así que los compatriotas de Emiliano Zapata y Pancho Villa pegaron el grito al cielo.  En fin, tiró la imagen de México y los mexicanos por el suelo. Algunos países latioamericanos, indignados por la actitud del arrogante Trump, se solidarizaon con México y no enviaron sus representantes al  certámen de Miss Universo, del cual Trump era presidente. Fue una forma de mostrar su disgutso con el magnate newyorquino, que no quiere saber mucho de los latinoamericanos.

Su actitud equivocada hacia los pueblos de America Latina, más otras necedades propias de un político como él, ignorante y muy prepotente, hiceron que su popularidad bajara en las encuestas. Trump, muy seguro de sí mismo, metía la pata cada día. Y no se llevaba de sus asesores de campaña. Su actitud, claro está, es muy normal en los ególatras que se creen los sabelotodo y no escuchan a nadie.

Pero como vio su candidatura en picada se vio obligado a hacer una parada en el camino. Notó que los votos de los mexicanos, que son millones en los Estados Unidos, así como el voto latino en general en norteamérica se ha ido para el lado de Hillary Clinton  y quiere cambiar ese estado de cosas. Y haciendose el sinverguenza decidió ir a México a darle un caramelo a los méxicanos. Después que los “aperreó”, ahora por razones de interés personal quiere hacer un “aguaje” para ver si puede cambiar la correlación de fuerzas.

Donald Trump, el gran prepotente y arrogante

El Presidente de México, que no se respeta, lo recibió ayer y en un largo discurso quiso echarle “agua al vino”. Todo para que Trump quede bien frente a sus compatriotas mexicanos.

Trump, siempre soberbio. Siempre arrogante, escuchó tranquilo el discurso de Peña Niero. Pero nunca varió el rostro despectivo que lo acompaña a donde quiera que va. No tiene carisma. Es un arrogante, prepotente.

Repitió que construiría el muro que separía a México de Estados Unidos. Lo dijo en el mismo suelo mexicano. Con ello les reiteró su rechazo, en su propia casa. Delante de su propio presidente. ¡Que verguenza!

El mundo vio ayer un presidente lambón, que por los intereses echa su dignidad por el suelo, y un candidato presidencial sinverguenza que para lograr su objetivo es capaz de hacerse el chivo loco y hasta intentar tragarse sus propias palabras. Todo fue un ardid para confundir a los mexicanos. Nosotros, que vemos la realidad de lejos, no nos dejaremos confundir. Ni Peña Nieto ni Trump nos convencieron. Trump odia a los mexicanos y a los latinoamericanos. Quien se pierda en eso será su problema.

Para ponerle la tapa al pomo el presidente mexicano hizo un discurso más o menos largo y Donald Trump apenas habló unos minutos. Solo fue a exhibrse para ver si logra engatuzar a los mexicanos y los pone a votar por él. Pero creo que ya es muy tarde para ablandar habichuelas.

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