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El origen del mito que decía que María Magdalena era prostituta
A pesar de que los textos históricos cuentan una historia distinta de la 'pecadora arrepentida de sus deslices', durante mucho tiempo esta fue la creencia mayoritaria. Descubre quién fue realmente quién orquestó este error

A pesar de que los textos históricos cuentan una historia distinta de la ‘pecadora arrepentida de sus deslices’, durante mucho tiempo esta fue la creencia mayoritaria. Descubre quién fue realmente quién orquestó este error.
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María Magdalena: ¿por qué terminó convertida en una prostituta si los Evangelios no dicen eso?
¿Qué dicen los Evangelios canónicos? Lo cierto es que no existe en la Biblia ni una sola asociación de María Magdalena con el oficio de prostituta. María provenía de Magdala, un próspero pueblo pesquero en la costa occidental del Mar de Galilea (su “apellido” no es tal, sino un toponímico para distinguirla de otras Marías). El Evangelio de Lucas (8:1-3) nos da la primera pista real sobre ella, ya que apunta que era una mujer de la que Jesús había expulsado “siete demonios”. En el contexto bíblico, estos demonios no se relacionan con la promiscuidad sexual sino con enfermedades físicas o mentales.
Tras ser sanada por Jesús, María Magdalena se convirtió en una seguidora incondicional de su compañía. Pero no cualquier seguidora; ella, junto a otras mujeres como Juana y Susana, financiaban el ministerio de Jesús con sus propios recursos, por lo que se deduce que se trataba de una mujer independiente e incluso de alto estatus social y económico.
El sermón del papa Gregorio Magno
La Biblia, por tanto, avala este papel positivo y nada oscuro de María Magdalena. Pero en el año 591 d.C., en Roma, durante un sermón pronunciado por el papa Gregorio I (Gregorio Magno), es cuando se tuerce la historia. Concretamente en su Homilía 33, el pontífice hizo un ejercicio de “exégesis creativa” que acabaría con la reputación sin mancha de María. Gregorio fusionó a tres mujeres bíblicas distintas en una sola entidad, creando lo que los historiadores modernos llaman la “Magdalena Compuesta”.
Gregorio Magno argumentó que los “siete demonios” expulsados de María Magdalena eran, en realidad, los siete pecados capitales, y que el perfume que la pecadora anónima usó para lavar los pies de Cristo era el mismo que antes usaba para “perfumar su carne en actos prohibidos”. Así que con unas cuantas frases imaginativas, el líder de la Iglesia occidental transformó a la primera testigo de la resurrección en una prostituta arrepentida.
La Iglesia católica abanderó esta nueva identidad, pero no sucedió así con la Iglesia Ortodoxa Oriental que nunca aceptó esta fusión y siempre ha venerado a María Magdalena, a María de Betania y a la pecadora anónima como tres santas distintas.
¿A qué se debió este error?
Los historiadores y teólogos han debatido largo y tendido sobre las motivaciones de Gregorio Magno. La mayoría coincide en que es poco probable que se trate de un error inocente. En los primeros siglos del cristianismo, textos como el Evangelio gnóstico de María mostraban a una Magdalena visionaria y en abierta competencia intelectual con el apóstol Pedro.
Pero, a medida que la Iglesia se institucionalizaba y adoptaba las estructuras patriarcales del Imperio romano, el liderazgo femenino se volvió algo molesto. Contemplar a una mujer rica, independiente y con autoridad apostólica en la Iglesia era una amenaza para su jerarquía exclusivamente masculina. Pero una “prostituta arrepentida” era una figura mucho más manejable.
Pero el daño ya estaba hecho. Durante la Edad Media y el Renacimiento, pintores como Tiziano la retrataron semidesnuda, llorando, con el cabello suelto (símbolo de desenfreno en la época) y aferrada a un frasco de perfume de alabastro. El mito caló tan hondo que incluso moldeó nuestro lenguaje (solemos decir “lloró como una Magdalena”, debido a las innumerables pinturas que la mostraban bañada en lágrimas). Y hasta las instituciones para prostitutas en los siglos XVIII y XIX fueron bautizadas como “Asilos de las Magdalenas”.
Tuvieron que pasar casi 1.400 años para que el Vaticano admitiera ese craso error. En 1969, durante la revisión del calendario litúrgico tras el Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica separó a María Magdalena de la pecadora anónima y de María de Betania, reconociendo que no había pruebas de que fuera una prostituta. Mucho más adelante, el papa Francisco elevó en 2016 la memoria litúrgica de María Magdalena al grado de “fiesta”, poniéndola exactamente al mismo nivel que los apóstoles varones.
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