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La entrada de Boyer a Santo Domingo: una fecha poco recordada/ Cassandro Fortuna

Hace un mes se cumplieron 204 años de la ocupaci­ón del territorio del este por parte de Jean Pierre Boyer y la efeméride pasó virtualmente dentro del más absoluto de los silencios

Por Cassandro Fortuna

La historia de los pueblos suele organizarse alrededor de ciertas fechas que se convierten en símbolos de la memoria colectiva. Sin embargo, no todos los acontecimientos que marcaron profundamente la vida de una sociedad reciben el mismo lugar dentro de ese calendario histórico.

El 9 de febrero de 1822 Jean-Pierre Boyer entró en el territorio que, veintidós años más tarde, adoptaría el nombre de República Dominicana. Se trata de un acontecimiento importante dentro de la historia del país, pues marcó el inicio de un período que transformó profundamente la organización política y social de la parte oriental de la isla.

Sin embargo, a diferencia de otras fechas significativas de la historia dominicana, el 9 de febrero rara vez ocupa un lugar visible dentro del calendario cívico nacional. Esta situación llama la atención en un país donde muchas efemérides históricas han sido tradicionalmente recordadas con solemnidad.

Desde los primeros años de la República, por ejemplo, se consolidó la conmemoración de diversos acontecimientos vinculados a la lucha por la independencia y a la defensa de la soberanía nacional. Entre ellos figuran:

  • 6 de enero de 1844, fecha asociada al Manifiesto de Independencia.

  • 27 de febrero de 1844, día de la proclamación de la Independencia Nacional.

  • 19 de marzo de 1844, Batalla de Azua.

  • 30 de marzo de 1844, Batalla del 30 de Marzo en Santiago.

  • Batalla de Santomé, en San Juan de la Maguana, en 1855.

Estas y otras fechas han formado parte del calendario histórico dominicano durante generaciones, contribuyendo a consolidar la memoria de los acontecimientos que dieron origen al Estado dominicano.

En contraste, el 9 de febrero de 1822 ha permanecido en gran medida fuera de ese calendario simbólico. Esta ausencia plantea una pregunta legítima: ¿por qué un acontecimiento que marcó el inicio de un período tan decisivo de nuestra historia ha recibido relativamente poca atención dentro de la memoria pública?

La entrada de Boyer en Santo Domingo ha sido descrita habitualmente en la historiografía como el inicio de una ocupación extranjera. Esa interpretación refleja una dimensión real de los hechos: la incorporación del territorio oriental al Estado haitiano y la subordinación política de sus autoridades al gobierno de Puerto Príncipe.

Pero ese período histórico produjo también otros efectos que influyeron de manera profunda en la evolución de la sociedad de la isla. Entre ellos destaca la abolición definitiva del sistema esclavista, así como una serie de transformaciones jurídicas y sociales que alteraron la estructura heredada del período colonial.

Examinar ese proceso con detenimiento no significa relativizar los conflictos políticos de la época ni ignorar las tensiones que posteriormente conducirían a la separación de 1844. Significa, más bien, reconocer que la historia rara vez se reduce a una sola dimensión.

Tal vez la relativa ausencia del 9 de febrero dentro del calendario cívico dominicano tenga que ver precisamente con la complejidad de ese período. Algunos acontecimientos del pasado resultan más difíciles de integrar en la memoria colectiva porque sus consecuencias fueron múltiples y a veces contradictorias.

Sin embargo, el desarrollo de la investigación histórica contemporánea invita cada vez más a observar estos procesos dentro de un marco interpretativo más amplio. Comprender el significado del período iniciado en 1822 puede contribuir a enriquecer nuestra visión del pasado dominicano y a reconocer la diversidad de experiencias históricas que han formado la sociedad del país.

En ese sentido, recordar fechas como el 9 de febrero no tiene necesariamente un propósito polémico. Puede ser simplemente una invitación a examinar con mayor amplitud los procesos históricos que dieron forma a la sociedad dominicana.

Porque, al fin y al cabo, la memoria histórica de un país se vuelve más rica cuando logra integrar todas las dimensiones de su propio pasado.

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