¿Por qué el Himno Nacional no dice «dominicano»? La pregunta de Cassandro Fortuna abre un debate sobre identidad y nación

Por ESENDOM
22 de febrero de 2026
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El articulista Cassandro Fortuna plantea una pregunta provocadora: por qué el Himno Nacional dominicano evita la palabra «dominicano» y privilegia «quisqueyanos».
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Su tesis no es solo poética sino histórica: tiene que ver con cómo se construyó la identidad nacional y quiénes quedaron dentro de ese relato.
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Fortuna propone que «dominicano» cargaba un origen social excluyente, mientras «quisqueyano» funcionó como fórmula más amplia e integradora.
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El planteamiento reabre una discusión clave: quiénes somos y cómo se narró nuestra historia, especialmente entre 1822 y 1844.
Una pregunta aparentemente simple sobre el Himno Nacional vuelve a poner sobre la mesa un debate profundo sobre la identidad dominicana. En su artículo «¿Por qué el Himno Nacional no dice «dominicano»?», el escritor Cassandro Fortuna propone una lectura histórica que va más allá de la letra patriótica y toca una fibra sensible: la manera en que se construyó el relato de quiénes somos como pueblo.
El punto de partida de Fortuna es un hecho conocido pero poco discutido. En las estrofas del himno escrito por Emilio Prud’homme, la palabra «dominicano» no ocupa el centro simbólico. En su lugar aparece con fuerza la referencia a «Quisqueya» y a los «quisqueyanos». Para Fortuna, esa elección no sería un simple recurso literario sino una decisión con carga histórica y política deliberada.
Una identidad construida, no heredada
Su argumento — que debe leerse como interpretación histórica y cultural, no como verdad única y cerrada — plantea que la dominicanidad no puede entenderse como una continuidad colonial lineal. Según su lectura, la identidad nacional fue el resultado de una etnogénesis: la formación de un nuevo sujeto social a partir de procesos de mezcla, conflicto y transformación, especialmente tras la abolición de la esclavitud.
En ese marco, Fortuna sostiene que el pueblo dominicano moderno se consolida en un proceso que incluye de manera decisiva el período 1822-1844 — una etapa que, según critica, la narrativa oficial reduce frecuentemente a «la ocupación haitiana», dejando en segundo plano los profundos cambios sociales internos que también ocurrieron en esos años.
El gentilicio como campo de batalla
El punto más provocador del artículo está en la carga del gentilicio. Fortuna plantea que «dominicano» habría sido, en etapas anteriores, un término asociado a sectores sociales específicos y jerarquías coloniales, mientras que «quisqueyano» operaba como referencia más territorial y compartida. Bajo esa lógica, el himno habría encontrado en «quisqueyano» un lenguaje más integrador para una nación que todavía estaba definiéndose a sí misma.
Por qué importa ahora
En contexto dominicano, la pregunta no es un asunto escolar. Los símbolos patrios son terreno de disputa sobre memoria, raza, clase, frontera y nación. Por eso el texto de Fortuna resulta valioso aun para quienes no compartan toda su tesis: obliga a mirar el himno no solo como ceremonia sino como documento político-cultural.
Y llega en un momento en que muchos dominicanos — dentro y fuera del país — están revisitando la historia nacional con preguntas más complejas sobre negritud, mestizaje, herencia colonial y ciudadanía.
Más que ofrecer una respuesta definitiva, Fortuna abre una conversación necesaria. Si decimos «Quisqueya» con orgullo, ¿entendemos realmente todo lo que esa palabra vino a resolver — o a ocultar — en nuestra historia? Esa es la pregunta incómoda. Y precisamente por eso vale la pena discutirla.
Este artículo está basado en el planteamiento original de Cassandro Fortuna.
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