Opinión
¿Por qué el Himno Nacional no dice ‘dominicano’, sino solo quisqueyano?/ Cassandro Fortuna
En su origen, "dominicano" no era un nombre para todos. Era un etnónimo étnico reservado para la élite blanca y poseedora de esclavos. Ser dominicano en el siglo XVII era una declaración de estatus. Los afrodescendientes eran habitantes de "Santo Domingo", pero no "dominicanos" en el sentido de pertenencia al grupo de poder
Por: Cassandro Fortuna
La historia oficial suele presentarse como un río tranquilo de continuidad colonial. Sin embargo, al examinar la trayectoria social de nuestra isla, esa continuidad se resquebraja. Surge entonces una pregunta incómoda: ¿Cómo puede pensarse como «continuidad colonial» un pueblo cuya configuración definitiva solo fue posible tras la abolición de la esclavitud?
El nacimiento de un etnónimo excluyente
Para entender quiénes somos, debemos viajar al siglo XVII. En aquel 1600, los españoles peninsulares habían dado paso a sus descendientes: los españoles criollos. Estos ya no miraban hacia Castilla; amaban la tierra donde habían nacido. Para diferenciarse del español de la península y, fundamentalmente, para marcar distancia frente a la población africana (esclava o liberta), se autoasignaron un nombre: dominicanos.
En su origen, «dominicano» no era un nombre para todos. Era un etnónimo étnico reservado para la élite blanca y poseedora de esclavos. Ser dominicano en el siglo XVII era una declaración de estatus. Los afrodescendientes eran habitantes de «Santo Domingo», pero no «dominicanos» en el sentido de pertenencia al grupo de poder.
1822: La ruptura silenciada
La historia tradicional se enfoca en la «ocupación haitiana» de 1822 solo como un trauma militar. Sin embargo, se silencia el cambio socio-histórico más profundo: Jean-Pierre Boyer abolió la esclavitud en una población donde los afrodescendientes eran mayoría.
En esos 22 años (1822-1844), se produjo una nivelación jurídica. Por primera vez, el español criollo y el afrodescendiente coexistieron como iguales. Este fue el verdadero laboratorio de nuestra sociedad actual: un pueblo mixto que nació del colapso del sistema de castas.
La herencia de un gentilicio ajeno
Cuando en 1844 se funda la República Dominicana, el nuevo Estado adoptó el nombre de la antigua élite. Al llamarnos a todos «dominicanos», se le otorgó a la población afrodescendiente un gentilicio que originalmente les era ajeno. La historia presenta una falsa continuidad, ignorando que la unión de españoles y africanos significó el nacimiento de algo totalmente nuevo que, estrictamente, debió haber sido bautizado de otro modo.
El Himno Nacional: Un canto a Quisqueya
Esta tensión entre nombres no es un debate menor. Una prueba contundente la encontramos en nuestro Himno Nacional, nacido en 1882 con letra de Emilio Prud’homme y música de José Reyes. Es revelador que en sus 12 estrofas, el canto patrio no menciona ni una sola vez las palabras «dominicano» o «dominicana».
En su lugar, Prud’homme recurre sistemáticamente a Quisqueya y quisqueyanos. A diferencia de «dominicano», que arrastra la carga histórica de la casta colonial, «quisqueyano» funciona como un gentilicio telúrico-geográfico. Al apelar a un origen vinculado al territorio, lo quisqueyano ofrece una alternativa no étnica: si el gentilicio emana del suelo, todos los que lo pisan están en igualdad de condiciones.
Conclusión
Esta alternabilidad en nuestro gentilicio muestra una búsqueda de identidad que aún no termina. Alguna vez tendremos que esclarecer este dilema para establecer, de una forma más definida, quiénes somos y quiénes no somos. Mientras tanto, el Himno sigue recordándonos que, ante la exclusión de los nombres antiguos, la tierra —Quisqueya— es el único espacio donde todos logramos finalmente caber.





