Opinión
Fuegos artificiales: diversión humana, miedo animal
Protejamos lo que más queremos: nuestra comunidad, nuestra salud y nuestros animales.
Por Edward Rodríguez
En República Dominicana, las celebraciones son parte del alma colectiva. Desde las fiestas patronales hasta las despedidas de año, los cielos se iluminan con destellos y truenos de colores que, para muchos, representan alegría, unión y tradición. A pesar de esto, detrás de estos destellos y explosiones se esconde una realidad dolorosa: lo que para los humanos es fiesta, para los animales domésticos y parte de la comunidad puede convertirse en miedo y riesgo.
Como comunidad, enfrentamos una pregunta necesaria: ¿Podemos mantener la esencia festiva sin que paguen el precio los más indefensos? Con el propósito de construir una convivencia más consciente y solidaria, este artículo busca abrir esa conversación, desde el respeto a nuestras tradiciones.
Cuando la celebración se vuelve miedo: animales y pirotecnia
Para un perro o un gato, el estruendo de un fuego artificial no es fiesta: es una amenaza incomprensible. Sus oídos son mucho más sensibles que los nuestros; un sonido que para nosotros es fuerte, para ellos puede ser en forma literal ensordecedor y aterrador.
Según investigaciones internacionales, los animales expuestos a la pirotecnia, muestran signos claros de pánico: tiemblan, se esconden, jadean, buscan con desesperación a sus dueños o, en el peor de los casos, huyen y se pierden. Algunos pueden sufrir taquicardia, desorientación e incluso en estado permanente daños auditivos. No es un “capricho” o “exageración”; es una respuesta biológica de miedo ante un estímulo percibido como peligroso.
En barrios dominicanos, es común escuchar historias de mascotas que, asustadas por los cohetes, saltan cercas, rompen correas o se meten bajo automóviles tratando de escapar. Más que anécdotas aisladas; son situaciones que reflejan un sufrimiento evitable que estamos llamados a reconocer y prevenir.
Salud, ruido y convivencia humana
El impacto de la pirotecnia además de los animales, afecta a personas en condiciones de vulnerabilidad:
- Niños y niñas, cuyo sistema auditivo y emocional está en desarrollo, pueden experimentar terror, llanto inconsolable o trastornos del sueño.
- Personas mayores, en especial aquellas con condiciones cardíacas, pueden ver alterado su ritmo cardíaco o su presión arterial ante el estrés súbito del ruido.
- Personas con Trastornos del Espectro Autista (TEA) o con hipersensibilidad sensorial, para quienes el estallido impredecible y la sobreestimulación auditiva pueden desencadenar crisis de ansiedad, bloqueos o retrocesos conductuales.
- Personas con enfermedades neurológicas o cardíacas, cuyo bienestar puede verse comprometido por la alteración brusca del entorno.
Además, desde la salud pública, se ha documentado que la pirotecnia libera metales pesados y partículas finas que contaminan el aire que respiramos, agravando problemas respiratorios como el asma. La contaminación acústica también es un factor de estrés comunitario: rompe la tranquilidad del barrio, interrumpe el descanso y puede generar tensiones entre vecinos.
El cuidado como responsabilidad comunitaria
En este contexto, el cuidado de animales y personas vulnerables más que una responsabilidad de cada hogar, es de la comunidad. Las Juntas de Vecinos, Organizaciones Comunitarias de Base (OCB), asociaciones pro desarrollo y agrupaciones sociales desempeñan un papel clave en promover prácticas de celebración seguras. Desde organizar espacios de recreación sin pirotecnia hasta difundir información sobre riesgos y alternativas, la comunidad puede transformar la tradición en una oportunidad de cuidado colectivo.
Proteger a los animales de la familia, procurar por el descanso del adulto mayor de la cuadra, o velar por un niño con autismo pueda pasar una noche tranquila, son manifestaciones de una ética comunitaria. Cuando decidimos moderar o reemplazar los fuegos artificiales, no estamos “en contra de la fiesta”; estamos a favor de una celebración que no excluya ni dañe a ningún miembro de nuestra comunidad.
Qué dice la ley y por qué cumplirla importa
República Dominicana cuenta con un marco legal que busca regular y concienciar sobre el uso de la pirotecnia. La Ley 340-09, tipifica y sanciona el uso inadecuado de materiales explosivos.
Cumplir con estas orientaciones más que una obligación legal; es un acto de ciudadanía responsable. Garantiza seguridad en la celebración, protege a los indefensos y previene daños irreversibles en el entorno.
Celebrar sin dañar: alternativas posibles
La buena noticia es que existen muchas formas de celebrar con igual o mayor alegría, sin generar miedo o daño. Algunas alternativas que han surgido en comunidades dominicanas y a nivel internacional incluyen:
- Espectáculos de luces sincronizadas (drones o luces LED): Ofrecen un show visual increíble, colorido y silencioso.
- Pirotecnia de menor impacto sonoro: Existen fuegos artificiales diseñados en específico para reducir de forma drástica el ruido, manteniendo el efecto visual.
- Fiestas comunitarias con música en vivo, talleres, danzas tradicionales o proyecciones de cine al aire libre: Refuerzan el sentido de pertenencia y son accesibles para todos.
- Celebraciones simbólicas: Cómo soltar globos de luz (biodegradables), hacer rituales con velas u organizar cadenas de deseos comunitarios.
Imaginemos, por ejemplo, un barrio que, en lugar de gastar en cohetes, organiza una “noche de estrellas locales” con historias, música criolla y una exhibición de luces en la fachada de la iglesia o el parque. La alegría se multiplica, la comunidad se une y nadie sale perjudicado.
Porque una comunidad que celebra unida, es una comunidad que cuida de todos.
Los fuegos artificiales, en su forma tradicional y ruidosa, representan una contradicción de nuestra época: un momento de alegría colectiva que, sin querer, causa estrés, miedo y hasta peligro para una parte de nuestra comunidad, humana y animal.
Cada barrio tiene la oportunidad de convertir la tradición en un acto de cuidado colectivo: priorizar la seguridad, proteger a los más vulnerables y celebrar de manera consciente. Así, la luz de los festejos brillará para todos los miembros del hogar, sin importar su especie.
Este año, cuando se acerque una celebración, te invitamos a preguntarte: ¿Cómo puedo hacer que esta fiesta sea memorable sin que le cueste el bienestar a mi mascota, a mi vecino o a mi entorno? La respuesta, estaremos de acuerdo, está en nuestra capacidad de elegir diversión sin daño, tradición sin crueldad y alegría sin miedo.
Este artículo fue redactado con base en información suministrada por especialistas veterinarios, reportes de salud pública, el marco legal dominicano y el testimonio de experiencias comunitarias. Su objetivo es informar y promover el diálogo para una convivencia más respetuosa y solidaria.
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Líder Comunitario





