Opinión
La dictadura de la apariencia: Entre la fantasía y el afecto real/ Eddy E. Suero C.
Resulta contradictorio que necesitemos un calendario para recordar a quienes amamos
Por Eddy E. Suero C.
Es lamentable observar cómo la sociedad dominicana actual se ha dejado seducir por un materialismo voraz, donde el comerciante astuto capitaliza las carencias emocionales del ciudadano común. Vivimos bajo un bombardeo constante de fechas especiales que nos obligan a estar a la moda y a seguir la corriente de lo que otros hacen. En este escenario, la fantasía y la hipocresía han ganado un terreno imperioso, convirtiendo los sentimientos en una mercancía más y empujándonos a una competencia de apariencias que poco tiene que ver con el verdadero afecto.
Resulta contradictorio que necesitemos un calendario para recordar a quienes amamos. El sistema nos ha condicionado a esperar el día de Reyes para dar un juguete, San Valentín para expresar amistad, o el último domingo de mayo para reconocer a la madre que nos llevó nueve meses en su vientre. Es penoso ver cómo las tiendas se abarrotan de personas que, como hormigas, corren a comprar regalos solo por cumplir con una presión social. Si el amor y el respeto son sentimientos reales, no deberían estar secuestrados por una fecha marcada; el verdadero afecto se demuestra en el día a día con acciones que no necesitan de una etiqueta de precio.
Esta desconexión emocional se manifiesta de forma brutal en la distancia. Muchos dominicanos que viven en el extranjero o lejos de sus familiares pasan años sin hacer el esfuerzo de compartir un momento en vida, escudándose en la falta de tiempo y las ocupaciones constantes. Sin embargo, lo más triste es ver cómo esos mismos parientes, que no pudieron sacar un día para un abrazo, aparecen de inmediato cuando la muerte toca a la puerta. Es una ironía dolorosa que se haga el sacrificio de viajar desde lejos para un funeral, cuando el ser querido ya no puede ver, escuchar, ni sentir la presencia que tanto necesitó en vida.
Debemos despertar de esta anestesia social que prioriza el “parecer” sobre el “ser”. No tiene sentido celebrar a un padre o a una madre un solo día al año si los otros 364 prevalece el descuido o el silencio. La verdadera humanidad no se mide por el tamaño del regalo en Navidad o Año Nuevo, sino por la consistencia de nuestra presencia y el apoyo incondicional. La muerte es el fin de las oportunidades; por tanto, actuar como seres humanos sentimentales requiere entender que el amor no es un evento anual, sino un compromiso diario que se cultiva antes de que el tiempo se agote.
Para mejorar esta crisis de valores se debe empezar por reivindicar la presencialidad y la atención sobre el consumo. Se recomienda a las familias dominicanas romper con el círculo vicioso de las fechas comerciales y fomentar encuentros espontáneos que no dependan de un regalo material. Debemos educar a las nuevas generaciones para que comprendan que el tiempo es el regalo más valioso que se le puede otorgar a un ser querido. Antes de que sea tarde, elijamos una llamada hoy, una visita mañana o un gesto simple cualquier día de la semana, recordando siempre que la presencia en vida vale infinitamente más que la corona de flores más cara en un funeral.





