Opinión
Fusión MINERD y MESCyT / Claudia Rita Abreu
una decisión que amenaza con generar más problemas que soluciones
La propuesta de fusionar el Ministerio de Educación (MINERD) y el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT) parece responder más a caprichos personales de algunos empresarios y políticos que a criterios técnicos, científicos o económicos. Lejos de representar un avance, esta medida podría convertirse en una fuente adicional de conflictos y retrocesos para el sistema educativo dominicano.
¿Por qué no aporta a la eficiencia ni a la calidad educativa?
Quienes defienden la fusión argumentan que se reducirían gastos y se optimizarían procesos. Sin embargo, la realidad es otra. El MINERD está orientado a la educación preuniversitaria, mientras que el MESCyT se enfoca en la educación superior y la investigación científica. Unir ambas instituciones no solo desnaturaliza sus funciones, sino que tampoco garantiza mejoras en la calidad del gasto público.
En el MINERD no sobra el dinero. Las limitaciones presupuestarias son evidentes: falta de ejecución en algunos rubros, pero necesidades urgentes en otros. Las escuelas requieren infraestructura adecuada, mantenimiento, alimentación escolar (desayuno, almuerzo y merienda), laboratorios científicos y tecnológicos, transporte escolar, libros, formación continua para docentes y pago de nómina. Cada nueva escuela implica más personal y más gastos fijos. Lo mismo ocurre con proyectos como el Transporte Escolar (TRAE), que suman costos permanentes en compras, mantenimiento y personal.
Por su parte, el presupuesto del MESCyT incluye a la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), que consume cerca del 80 % de los recursos asignados. ¿Cómo se sostendría una estructura fusionada donde compitan la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) y la UASD por aumentos salariales, infraestructura y materiales? La respuesta es simple: sería insostenible.
La UNESCO, en su estudio “Fusionando Ministerios de Educación: Lecciones Aprendidas de Prácticas Internacionales” (Merging education ministries: lessons learned from international practice) (2016), analizó el caso de Malasia, donde se intentó una fusión similar y, tras los problemas generados, se optó por separar nuevamente los ministerios. ¿Por qué? Porque la complejidad de gestionar dos niveles educativos tan distintos terminó afectando la eficiencia y la calidad.
Otros ejemplos: España e Italia: mantienen ministerios separados, lo que permite políticas diferenciadas para educación básica y superior. Estados Unidos: el sistema escolar es altamente descentralizado. La infraestructura depende de gobiernos locales y el financiamiento proviene de impuestos estatales y federales. Además, la asignación escolar está estrictamente vinculada a la residencia del estudiante. Finlandia: considerado uno de los sistemas educativos más exitosos del mundo, mantiene estructuras separadas para educación básica y superior, priorizando la autonomía y la especialización. Chile y México: también conservan ministerios independientes, con políticas específicas para cada nivel educativo. En contraste, países que han intentado unificar ministerios, como Malasia, han tenido que revertir la medida por los problemas administrativos y presupuestarios que generó.
Antes de seguir adelante, conviene reflexionar sobre experiencias recientes. En 2021 se fusionaron el Instituto Nacional de la Vivienda (INVI) y la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado (OISOE) para crear el Ministerio de la Vivienda, Hábitat y Edificaciones (MIVHED). También se otorgaron facultades a la Dirección de Infraestructura Escolar mediante decreto. Preguntémonos: ¿Se logró mayor eficiencia? ¿Disminuyó el gasto en nómina? ¿Se redujo la burocracia? La respuesta es clara: no, no y no.
En nuestra realidad, no existe ningún beneficio cuantitativo ni cualitativo que justifique esta fusión. Por el contrario, estamos creando un problema innecesario, impulsado por intereses particulares. Los dueños de universidades que hoy ocupan posiciones de poder en este Gobierno del PRM miran con avaricia y avidez el 4 % del PIB destinado a educación, y esa ambición amenaza con desviar recursos que deberían garantizar el derecho a una educación pública de calidad.
Fusionar el MINERD y el MESCyT no es una solución, es un retroceso. No hay evidencia científica, técnica, económica ni pedagógica que respalde esta medida. Por el contrario, los ejemplos internacionales y nuestras propias experiencias demuestran que estas fusiones generan más burocracia, más conflictos y menos eficiencia. Pretender que un solo ministerio gestione dos niveles educativos tan distintos es condenar la calidad y la equidad del sistema.
La educación dominicana necesita planificación, inversión y transparencia, no improvisaciones populistas ni experimentos fallidos. Si realmente queremos avanzar, debemos fortalecer cada institución en su ámbito, garantizar recursos suficientes y exigir resultados medibles. Lo demás es simple maquillaje político que, tarde o temprano, pagaremos todos con un deterioro irreversible en la formación de nuestras generaciones futuras.
Tomada de Hoy

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