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En Baní relatan mujer trató de salvar coronel al terminar la balacera

Fresco en la memoria. Yuli Moraima Guerrero: “Cuando él cayó se pararon los tiros, y yo fui donde estaba tirado y le decía: “Ramos, Ramos, y la daba por la cara… pero no me respondía”.

Fresco en la memoria. Yuli Moraima Guerrero: “Cuando él cayó se pararon los tiros, y yo fui donde estaba tirado y le decía: “Ramos, Ramos, y la daba por la cara… pero no me respondía”.

Baní.-Mientras todos huían, incluyendo sus compañeros de arma y uniforme, cuando el coronel Daniel Ramos Álvarez fue baleado frente a un punto de drogas local, sólo una mujer desafió el peligro y se atrevió a acercase a este hombre, agonizante, lo cargó sobre hombros, tomó su pistola y lo montó en una motocicleta para llevarlo al hospital.

Hasta esa mujer, cuyo gesto de coraje y solidaridad humana no había trascendido, llegó Listín Diario el domingo último, conociendo de su hazaña, y su identidad: Yuli Moraima Guerrero.

De baja estatura, delgada, pobre, madre de dos hijos, ella vivía, hasta ayer lunes, a pocos metros del lugar donde fue abatido el oficial de policía mientras realiza labor de inspección frente a un punto de drogas en el local 21, de la calle Wenceslao Guerrero, del barrio Santa Cruz.

La tarde cuando mataron al coronel Ramos, Guerrero estaba en quehaceres domésticos en su casita. De repente, su hija le informó que había sonado un disparo. La madre le respondió que se trataba de “cohetes” explosionados por los chicos del sector.

Pero nuevos disparos, gritos y gente corriendo afuera le llamó la atención y salió a la calle, donde vio caer pesadamente, boca arriba, al oficial del cuerpo de orden público. Entonces corrió calle abajo, directo donde estaba el hombre, mortalmente herido, sangrante. Rogó por ayuda, pero nadie quería acercarse a ella.

Ofrenda. Ciudadanos banilejos llevaron flores el sábado pasado a este punto de la calle Wenceslao Guerrero, del sector Santa Cruz, en Baní, donde el 8 de enero fue asesinado el coronel Daniel Ramos Álvarez.

Yuli lo vio todo. Fue una testigo ocular de lo ocurrido allí.

“Yo vi cuando lo mataron, lo vi cuando cayó. El cayó boca arriba, medio de ladito”, comentó Yuli, bajando y moviendo la cabeza, en unos tristes momentos de evocación de lo sucedido aquel día.

“Yo estaba en mi casa y mi hija me dijo: ‘mami, un tiro’, y yo le dije: ‘muchacha, eso es un cohete, que estamos en los días de año nuevo’. Y salí. Cuando salí, y mi hija también, yo vi a Ramos parado de este lado de la acera. Al otro lado estaban los dos policías que andaban con él, estaban en la pared del punto”, relató.

Cuando Ramos cae desplomado, agrega Yuli, sus compañeros se montaron en el carro (del oficial), uno le abrió la puerta al otro y el coronel, que estaba vivo todavía, creo que pensaba que lo iban a subir.

Pero no fue así. “Ellos se fueron. Cuando yo vi eso, como humana me llené de impotencia que lo dejaran abandonado”.

“Cuando él cayó se pararon los tiros, y yo fui donde estaba tirado y le decía: “Ramos, Ramos, y la daba por la caraÖ pero no me respondía”. Nadie quería acercarse a ayudar, a darle auxilio al oficial, excepto Yuli. Ella, gritando y pidiendo ayuda, logró la reacción de un joven que viajaba en una motocicleta, al que solicitó que lo llevara al hospital.

Ya había tomado la pistola del coronel y la entregó a un policía, a quien identificó como Ruddy, que vive en el área, y le entregó el arma.

“El dueño del motor y el policía me ayudaron. Yo lo agarré y lo monté, entonces si empezaron a llegar personas y me ayudaron a montarlo. Traté de subirme, pero Ruddy, el policía, se lo llevó al hospital”.

“Agarré su pistola porque no le solté esa arma a nadie, y luego se la di al policía; usted sabe que en casos así se aprovechan”, reflexionó la mujer. Confiesa  que cuando Ramos estaba tendido sobre el asfalto de la vía, en estado de gravedad, ella tenía un horrible temor. “Yo no lo vi (al coronel) en condición de vida. No me respondió cuando lo llamé; se quedó con los ojos abiertos, mirando pa’rriba”.

“En ese momento pensé tantas cosas que sólo Dios sabe”, declaró.

Pero, como incongruencia de la vida, la mujer que demostró tanto valor en un intento por salvar la vida a un hombre  amado en los vecindarios banilejos, ahora le ha costado el repudio del sector.Y se supo que optó por mudarse del barrio.

“Después de eso, en el barrio nadie me habla, tengo mucha gente enemiga por ese caso. Por haber hecho ese bien; mucha gente se me ha despegado. Ya no me hablan. No lo entiendo”, señaló.

“¿Por qué?”, se pregunta. “Lo hice porque me salió del corazón. A veces he pensado si lo hice por cobardía, pero fue de corazón”, sostuvo.

Asegura que ella, como miles de personas en Baní, conocía al coronel Ramos. “Yo lo conocía. Ese señor hizo una labor muy buena aquí en Baní. el trabajó muy bien. En diciembre aquí fue bueno en Baní. No pasó problemas”, anotó.

De la actitud adoptada por sus compañeros de uniforme, ella dice que eso “me llenó de impotencia cuando vi que ellos, que acompañaban a Ramos aquel día, se montaron en el carro. Él quiso subirse en el carro y lo dejaron solo”.

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